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El modelo productivo en que se encuentra inmersa nuestra sociedad, el cual se fundamenta en la utilización de los combustibles fósiles como principal fuente energética, provoca una serie de efectos no deseados entre los que se encuentra la contaminación ambiental. Uno de los aspectos mas relevantes de este fenómeno es el de la contaminación del aire o lo que es lo mismo, la calidad del aire.
La importancia de la calidad del aire se justifica dada la influencia que esta tiene en la climatología, así como por ser de naturaleza transfronteriza, esto es que la polución generada en una zona tendrá también sus efectos en otros lugares y países. Como ejemplo de todo esto tenemos fenómenos tristemente populares como son la “lluvia ácida” en los 80, el agujero de la capa de ozono en los 90 y el actual “cambio climático”.
El aire esta compuesto por una mezcla de gases, el más abundante es el nitrógeno que se encuentra formando parte de éste en un 78%, el oxígeno en un 21%, vapor de agua (variable entre 0-7%), ozono, dióxido de carbono, hidrógeno y algunos gases nobles como el criptón o el argón.
La acción de la fuerza gravitatoria terrestre de nuestro planeta hace que los gases antes nombrados no se pierdan en el universo y rodeen a la tierra protegiéndola de algunas radiaciones que harían imposible la vida sobre ella, constituyendo lo que se conoce como atmósfera.
La atmósfera se divide en tres capas principales: la troposfera, que es la capa en la que se desarrolla la vida, llega a una altura de más o menos 10 Km, y en ella se desarrollan los fenómenos climáticos, como vientos, lluvias, temperaturas y casi toda la
formación de nubes; la estratosfera, alcanza una altura de 80 Km y en ella encontramos al famoso ozono que es una combinación de los radicales libres del oxígeno que nos protege filtrando la radiación ultravioleta; y por último la termosfera, siendo ésta el límite que nos separa del espacio exterior.
La contaminación atmosférica es un proceso que se inicia a partir de las emisiones al aire de contaminantes desde los distintos focos emisores. Los contaminantes son emitidos a la atmósfera en una cantidad determinada, en un punto determinado y debido a una actividad determinada, es lo que conocemos por emisión.
Una vez en la atmósfera estos contaminantes se van diluyendo en la misma y son transportados largas distancias por efecto de las presiones, vientos, topografía del terreno, etc. produciéndose concentraciones medias de contaminantes en determinadas áreas o zonas, conociéndose esto último por inmisión. Nos referimos pues a inmisión, como la cantidad de contaminante por unidad de volumen que llega al receptor una vez transportado y difundido por la atmósfera.
La capacidad de la atmósfera de diluir las concentraciones de los contaminantes viene determinada por las condiciones meteorológicas, siendo los parámetros meteorológicos que más directamente se relacionan con la contaminación atmosférica y su dispersión la velocidad del viento, la dirección del viento y la variación de la temperatura con la altura.
Por contaminante se entiende, haciendo uso de la definición dada por el Real Decreto 1073/2002, “cualquier sustancia introducida directa o indirectamente por el hombre en el aire ambiente que pueda tener efectos nocivos sobre la salud humana o el medio ambiente en su conjunto”.
La normativa de la calidad del aire regula determinados contaminantes estableciendo para cada uno de ellos valores límites y márgenes de tolerancia, técnicas analíticas a utilizar en la determinación de los mismos, criterios de micro y macro implantación de las estaciones de medida, puntos mínimos de medición, transmisión de información, presentación de datos, información pública, etc.
A continuación se hace una breve referencia a cada uno de estos contaminantes, indicando sus orígenes y efectos sobre los seres vivos. Para acceder a la información haga click en cualquiera de los contaminantes.
Los efectos producidos por la contaminación atmosférica dependen principalmente de la concentración de contaminantes, del tipo de contaminantes presentes, del tiempo de exposición y de las fluctuaciones temporales en las concentraciones de contaminantes, así como de la sensibilidad de los receptores. Hay que tener muy en cuenta la graduación del efecto a medida que aumentan la concentración y el tiempo de exposición.
Los posibles efectos que a largo plazo puede producir la contaminación atmosférica sobre los distintos ecosistemas, sobre el clima y sobre la estratosfera son los siguientes:
Efectos sobre los ecosistemas (lluvia ácida)
La lluvia ácida se forma cuando la humedad en el aire se combina con el óxido de nitrógeno o el dióxido de azufre emitido por las fuentes de emisión que queman carbón o aceite. Esta combinación química de gases con el vapor de agua forma el ácido sulfúrico y los ácidos nítricos, sustancias que caen en el suelo en forma de precipitación o lluvia ácida. Los contaminantes que pueden formar la lluvia ácida pueden recorrer grandes distancias, y los vientos los trasladan miles de kilómetros antes de precipitarse con el rocío, la llovizna o lluvia, el granizo, la nieve o la niebla normales del lugar, que se vuelven ácidos al combinarse con dichos gases residuales.
Es un fenómeno que produce cambios en los ecosistemas de manera global, modificando las características químicas y acidificando suelos y aguas superficiales, así como afectando a los seres vivos y bienes materiales existentes en la superficie terrestre.
Dado que los contaminantes que generan la lluvia ácida pueden ser transportados a largas distancias de los centros emisores, dependiendo de las condiciones meteorológicas, la lluvia ácida podrá afectar a zonas no industrializadas y a ecosistemas muy diversos, pudiéndose notar los efectos de la misma a cientos de kilómetros de distancia de los focos emisores.
Efectos sobre el clima (efecto invernadero)
El incremento de la concentración del CO2 en la atmósfera puede alterar la temperatura de la Tierra debido a que el CO2 es transparente a la radiación solar recibida del sol, dejándola pasar libremente, pero absorbe la radiación infrarroja emitida desde la tierra. El efecto total es que cuanto mayor sea la concentración de CO2 en la atmósfera, mayor es la cantidad de energía recibida por la Tierra desde el Sol que queda atrapada en la atmósfera en forma de calor. Este fenómeno que se conoce con el nombre de «efecto invernadero» produciría un recalentamiento de la atmósfera.
Los sulfatos y las partículas finas presentes en la atmósfera pueden tener igualmente efectos sobre el clima. Las partículas finas tienen una doble acción sobre la radiación solar: por una parte, difunden la luz incidente y, por otra, absorben una parte de esta radiación, lo que produce un calentamiento de las partículas y la emisión de radiación infrarroja. Los efectos atmosféricos que producen dependerán de la altitud a que las partículas se encuentren.
Las de baja altura disminuyen el flujo solar sobre el suelo, pero contribuyen a aumentar el efecto invernadero. A más alta temperatura, el efecto de barrera solar es preponderante, produciendo un enfriamiento de la baja atmósfera y un calentamiento en la estratosfera. Las partículas pueden causar también efectos sobre el clima de forma indirecta al actuar como núcleos de condensación del vapor de agua y jugar éste un importante papel en los cambios de calor atmosférico.
Efectos sobre la estratosfera (agotamiento de la capa de ozono)
La presencia en la estratosfera de determinados compuestos, especialmente los clorofluorocarbonos, puede provocar una disminución de la concentración de ozono en la estratosfera. La capa estratosférica de ozono protege la superficie de la tierra de una exposición excesiva a los rayos solares ultravioletas actuando como filtro. Una disminución sensible de esta capa protectora tendría efectos perjudiciales para la salud humana y para la biosfera.
Este incremento de la radiación produciría un aumento apreciable de casos de cáncer de piel en los seres humanos y efectos negativos sobre los organismos, al ser ciertos tipos de plancton vegetal, animales invertebrados y algunos vertebrados en determinadas etapas de su ciclo vital, especialmente sensibles a la radiación ultravioleta.
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