La peripecia vital de Agustín de Betancourt y Molina se extiende a lo largo de un periodo que va desde 1758 –nace el 1 de febrero en el entonces Puerto de La Orotava– hasta 1824 –año en el que fallece en San Petersburgo el 26 de julio.
Entre estas fechas despliega una intensa actividad que le lleva a Madrid y a distintos puntos de
la Península, más tarde, y ya bien relacionado con las esferas del poder, a París, en varias ocasiones, luego a Londres, para, finalmente, recalar y establecerse en Rusia. ¿Qué afanes e intereses movieron a nuestro protagonista? ¿Cuál fue el por qué de tan diversos desplazamientos? ¿Qué misiones desarrolló?
La época en la que Agustín de Betancourt vivió intensamente se halla inmersa en esa corriente emancipatoria que conocemos como la Ilustración; época de mutaciones profundas y desasosiego extremo que acabarían cristalizando en el derrumbe del Antiguo Régimen y el alumbramiento de la Revolución Francesa pero, también, período en el que se afianza paulatinamente la Revolución Industrial. Aparece, pues, preñada no sólo de grandes ideas sino también de acontecimientos importantes en el ámbito de la política y la economía, la ciencia y la técnica.
A modo de breve recordatorio señalemos entre los primeros, las Revoluciones Americana y Francesa y las Guerras Napoleónicas o la irrupción de la Revolución Industrial, y entre los segundos, la construcción de la nueva Química, los inicios de la investigación cuantitativa de los fenómenos eléctricos y térmicos o la puesta en funcionamiento de la máquina de vapor y los inicios del ferrocarril o los descubrimientos de la pila eléctrica y el telégrafo. Tiempos nuevos que exigían soluciones creativas y personas capaces de materializar las expectativas generadas. Betancourt fue, sin duda alguna, una de esas personas: un hombre innovador en unos tiempos de innovación, un hombre de su tiempo. |