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REVISTA DE LA INSPECCIÓN - Nº 1 - SEGUNDA ÉPOCA . ABRIL 2006
Por varios autores

ÁLVARO BAZO DÍAZ

Creo que nadie se sorprenderá si digo que Álvaro Bazo constituye una de esas referencias que siempre se buscan en una Institución. En este caso, él representa, primero para la Inspección de Bachillerato, del Distrito Universitario de La Laguna, y luego para la Inspección de Educación, lo que todos entendemos como parte de sus señas de identidad, en lo que a rigor y estilo de gestión se refiere, en los últimos 30 años de la enseñanza en Canarias.

Deja Álvaro nuestra Institución al comienzo del siglo XXI, cuando, como todos sabemos, el papel social de la Educación, aunque importante, no tiene la misma consideración que hace 45 años, cuando él comenzó su andadura profesional.

        Aprobó sus oposiciones al cuerpo de Catedrático de EEMM, en la asignatura de  Física y Química en 1965 y, más tarde, las de Profesor Adjunto de Universidad, como encargado da cátedra de física. Cuerpos en los que solicitó la excedencia después de aprobar sus oposiciones de Inspector de Bachillerato en el año 1978, tras cuatro años como Inspector Extraordinario.

Matizó su carrera docente y técnica, ya como Inspector, con el desempeño de otras responsabilidades en la Administración Educativa como Director Provincial de Educación, Director General de Centros, Inspector General o Inspector Coordinador.

Único Inspector galardonado con la Cruz de Alfonso X El Sabio, ha sido Álvaro Bazo, sin duda, un profesional íntegro, luchador, que, inteligentemente, ha tenido que superar varios “clichés” educativos en este dinámico y rejuvenecedor mundo de la educación.

Cuando trato de encajar su perfil humano, pienso que Álvaro Bazo Díaz pertenece a esa tercera España que, como P. Preston definió, no cree en la confrontación. Esa cantidad de personas que, cuando el ambiente se exaspera, como dice otra escritora contemporánea, tiende a callarse mostrando su sensatez.

Leal, consejero, amigo, nunca le conocí credo distinto al rigor, y a la inclusión, tal como muchos de los que le hemos conocido podemos acreditar.

De él, casi todos hemos aprendido cosas importantes y, en el ámbito personal, ese aprendizaje adquiere un tono cálido, especial, de agradecimiento y entendimiento personal.

Creo que ha sabido envolver su tarea profesional de un compromiso y una ilusión posibilista hasta el día en el que, como uno  más, sin una voz más alta que la otra, se despidió, hasta donde la emoción le permitió, para salir de la oficina con su maletín y sus 45 años de recuerdos.

Álvaro es una persona que ha predicado con el ejemplo en todas las facetas de su vida profesional o personal y, para muchos de nosotros, ha supuesto un verdadero privilegio conocerlo y, sobre todo, trabajar a su lado.  

                                                                                                        Néstor Castro Henríquez

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MILAGROS MARÍN VIVES                                              

        Milagros es natural de la Isla de la Gomera. Su madre era maestra y ella nació en la escuela de Playa de Santiago (más concretamente en el Barranco de Santiago, próximo a la costa de Alajeró), en la recordada época en que la escuela albergaba la casa de la maestra, de forma que una y otra “institución” (la escolar y la familiar) eran casi la misma cosa. Allí pasó Milagros los más plácidos e imborrables años de su infancia. 

       Algún tiempo después, la familia se trasladaría a Tenerife y Milagros pudo estudiar en el Hogar Escuela, donde completaría su Magisterio, primero eclesiástico y, luego, estatal. 

       Tras dos años de estudios comunes de Filosofía y Letras en La Laguna, cursó la especialidad de Pedagogía y Psicología en la Universidad Complutense de Madrid, obteniendo brillantemente lo que hoy día es una muy exigente doble titulación. 

       Por esos años, Milagros participó en dos Campañas de Alfabetización de Adultos, obteniendo otros tantos e inolvidables “Votos de Gracia” (Distinción que otorgaba la Inspección de Educación a quienes destacaban por su labor), alcanzando, al poco, la especialidad de Pedagogía Terapéutica. 

        En el año 1964, y tras superar brillantemente unas dificilísimas y exigentes Oposiciones, accedió al Cuerpo de Inspectores de Enseñanza Primaria (dicen, quienes la conocieron en ese momento, que era demasiado joven y hasta atrevida para aspirar a tanto; pero ella manifestaba, con convicción, que lo que verdaderamente quería y le gustaba era “ser Inspectora de Educación”, deseo que se vio espléndida y señaladamente cumplido), siendo destinada a Pontevedra, aunque, al poco tiempo, obtuvo plaza en Santa Cruz de Tenerife. 

        Ha participado en incontables Simposios y Congresos relacionados con la educación, impartido cursos de perfeccionamiento y de especialización a profesores, profesoras, maestros y maestras, llegando a ser una excelente Inspectora Coordinadora. 

        Mujer de estilo humanitario y total entrega en el desempeño de esta función, destacó por sus fundamentales aportaciones en la nueva configuración de la Inspección de Educación en España y, por ende, en Canarias. 

        El lema de Milagros, Doña Milagros, a lo largo de su vida profesional, dilatada y fructífera, bien pudiera sintetizarse en una frase de valor inestimable: “ayudar y servir a la ENSEÑANZA”. ENSEÑANZA, con mayúsculas. Y alguien así, que ha dedicado tanto esfuerzo generoso a una tarea hermosa, creativa y exigente como es la Enseñanza, la Educación, será siempre recordada, por quienes la hemos conocido y tratado, con el respeto, admiración y cariño que se merece. 

                Carmen Nieves Crespo de las Casas,

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OSWALDO IZQUIERDO DORTA 

Desde que naciera en Arure, Valle Gran Rey (Isla de La Gomera), el 18 de agosto de 1935, hasta hoy, podemos asegurar que Oswaldo ha vivido su tiempo con verdadera intensidad y aprovechamiento.

A los veinte años, tituló como Maestro Nacional, licenciándose, luego, en Filología Románica y en Filología Hispánica y doctorándose en Filología (1992).

A lo largo de casi cincuenta años de docencia, ejerció de Maestro (1956), Agregado de Bachillerato (1976), Catedrático (1986), Inspector de Educación (1986) y Profesor de la UNED (Sede La Laguna, 1995), desempeñando, paralelamente, diversas responsabilidades directivas. Ostentó también el cargo público de Teniente Alcalde y Concejal de Cultura en Los Llanos de Aridane (La Palma, 1970-1974).

De su rica producción literaria, destacan trabajos de investigación (Ocho cuentos, de Benito Pérez Galdós; Cuentos completos, de Benito Pérez Galdós; Aquellos Maestros Nacionales y La fundación Muñoz), de creación (Odas Instrumentales; Coplas Canarias; Orillas del Olvido y otros poemas) y colaboraciones en prensa y obras colectivas.

Hombre eminentemente culto y de agradabilísimo trato, fino lingüista, ameno conferenciante, destacado poeta, rapsoda inspirado y presentador literario, podemos decir que conoce todos los registros profesionales posibles, habiendo coronado con éxito las metas que se trazó.

Pero, entre las muchas cualidades que le adornan como persona y como profesional, la que Oswaldo ha conocido y conoce mejor que nadie es el registro de la amistad, como hemos tenido la fortuna de experimentar quienes le hemos de cerca; porque, por encima de otras consideraciones, también podemos decir de él mismo que “Permanece en los repliegues interiores, / como el silencio…”.

Porque ahí es donde echa sus raíces profundas y enriquecedoras el sentimiento más noble que puede generar el ser humano: la amistad.

Como persona embarcada en esta aventura, a veces desconcertante, de la Educación y como compañero y amigo…, si “Alguna vez se pensó que la amistad se había perdido”, “No es cierto: De ello doy fe”.

Emilio Vicente Matéu

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FRANCISCA DOMÍNGUEZ SÁNCHEZ

        Paquita Domínguez nació en El Carrizal de Ingenio (Gran Canaria), donde vivió los primeros años de su niñez y cursó los estudios de Enseñanza Primaria (Escuela de Niñas). A los 9 años, se trasladó a Las Palmas de Gran Canaria, matriculándose en el Colegio de las Teresianas. En este centro superó el examen de Ingreso al Bachiller y los Bachilleratos Elemental y Superior. El curso Preuniversitario lo realizó en el Instituto de Enseñanza Media Femenino de Las Palmas de G. C. y el examen final, en la Universidad de La Laguna. 

Hizo Magisterio en la Escuela Femenina de Las Palmas de G. C. Realizó, en un año, los tres cursos de que constaba la carrera; obtuvo el título de Maestra en Enseñanza Primaria y aprobó las oposiciones a los 18 años. Como la Ley no permitía entonces ejercer la profesión antes de los 19, tuvo que esperar a cumplir dicha edad.  

Su tarea profesional comenzó como maestra en el Carrizal de Ingenio (1960) y fue destinada, poco después, a Las Palmas de Gran Canaria, desde enero de 1960 hasta agosto de 1961, fecha en que ingresó en el Cuerpo de Maestros. Nuevos destinos en San Isidro (Gáldar, hasta 1962) y Las Madrigueras (Cádiz, hasta 1963), y, por último, en La Culata de Tejeda (Escuela de “Juan Gómez”, hasta agosto de 1964).  

Solicitó licencia para estudiar 1º y 2º años de Filosofía y Letras, Sección de Pedagogía, en la Universidad de La Laguna y, en 1964, para hacer 3º de carrera. En 1965, se trasladó a Madrid, donde finalizó 4º y 5º cursos en la Universidad Antigua, situada en la calle de San Bernardo, así como 4º y 5º de Lengua, licenciaturas que realizó al mismo tiempo. En 1967, accedió al I.E.M “Santamarca”, de Madrid (extensión del “Ramiro de Maeztu”), como profesora, durante dos cursos, de Lengua y Literatura. 

Superó brillantemente las oposiciones al Cuerpo de Inspectores, quedando entre los primeros 20 concursantes, de un total de 800 aspirantes. Accedió al citado Cuerpo en el que trabajó hasta la fecha de su jubilación, con 39 años de servicio. Como Inspectora, ejerció en Cuenca, Madrid (1977) y Las Palmas de Gran Canaria. 

Ciudadana ejemplar, fue excelente educadora, inspectora y madre, mostrando siempre mucho ánimo y gran ilusión por su trabajo profesional, acercándose a los colegios de las zonas educativas que le asignaban para conocer sus situaciones y dificultades, asesorando con prudencia y colaborando en la búsqueda de soluciones adecuadas. 

Dedicó la mayor parte de su vida a formar personas, asesorar educadores, supervisar centros educativos y colaborar con la Administración, sabiendo bien, quienes la hemos tratado, de sus virtudes y alta talla humana, cultural y profesional, aspectos que queremos destacar y resaltar. 

Como amigos y como compañeros de profesión, nos sentimos agradecidos y orgullosos de haber podido mantener con ella una excelente relación. 

                                                      Antonio Medina Medina

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