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ÁLVARO
BAZO DÍAZ
Creo que nadie se
sorprenderá si digo que Álvaro Bazo
constituye una de esas referencias
que siempre se buscan en una
Institución. En este caso, él
representa, primero para la
Inspección de Bachillerato, del
Distrito Universitario de La Laguna,
y luego para la Inspección de
Educación, lo que todos entendemos
como parte de sus señas de
identidad, en lo que a rigor y
estilo de gestión se refiere, en los
últimos 30 años de la enseñanza en
Canarias.
Deja Álvaro nuestra
Institución al comienzo del siglo
XXI, cuando, como todos sabemos, el
papel social de la Educación, aunque
importante, no tiene la misma
consideración que hace 45 años,
cuando él comenzó su andadura
profesional.
Aprobó sus
oposiciones al cuerpo de Catedrático
de EEMM, en la asignatura de Física
y Química en 1965 y, más tarde, las
de Profesor Adjunto de Universidad,
como encargado da cátedra de física.
Cuerpos en los que solicitó la
excedencia después de aprobar sus
oposiciones de Inspector de
Bachillerato en el año 1978, tras
cuatro años como Inspector
Extraordinario.
Matizó su carrera
docente y técnica, ya como
Inspector, con el desempeño de otras
responsabilidades en la
Administración Educativa como
Director Provincial de Educación,
Director General de Centros,
Inspector General o Inspector
Coordinador.
Único Inspector
galardonado con la Cruz de Alfonso X
El Sabio, ha sido Álvaro Bazo, sin
duda, un profesional íntegro,
luchador, que, inteligentemente, ha
tenido que superar varios “clichés”
educativos en este dinámico y
rejuvenecedor mundo de la educación.
Cuando trato de
encajar su perfil humano, pienso que
Álvaro Bazo Díaz pertenece a esa
tercera España que, como P. Preston
definió, no cree en la
confrontación. Esa cantidad de
personas que, cuando el ambiente se
exaspera, como dice otra escritora
contemporánea, tiende a callarse
mostrando su sensatez.
Leal, consejero,
amigo, nunca le conocí credo
distinto al rigor, y a la inclusión,
tal como muchos de los que le hemos
conocido podemos acreditar.
De él, casi todos
hemos aprendido cosas importantes y,
en el ámbito personal, ese
aprendizaje adquiere un tono cálido,
especial, de agradecimiento y
entendimiento personal.
Creo que ha sabido
envolver su tarea profesional de un
compromiso y una ilusión posibilista
hasta el día en el que, como uno
más, sin una voz más alta que la
otra, se despidió, hasta donde la
emoción le permitió, para salir de
la oficina con su maletín y sus 45
años de recuerdos.
Álvaro es una persona
que ha predicado con el ejemplo en
todas las facetas de su vida
profesional o personal y, para
muchos de nosotros, ha supuesto un
verdadero privilegio conocerlo y,
sobre todo, trabajar a su lado.
Néstor Castro Henríquez
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MILAGROS MARÍN VIVES
Milagros es natural
de la Isla de la Gomera. Su madre
era maestra y ella nació en la
escuela de Playa de Santiago (más
concretamente en el Barranco de
Santiago, próximo a la costa de
Alajeró), en la recordada época en
que la escuela albergaba la casa de
la maestra, de forma que una y otra
“institución” (la escolar y la
familiar) eran casi la misma cosa.
Allí pasó Milagros los más plácidos
e imborrables años de su infancia.
Algún tiempo después,
la familia se trasladaría a Tenerife
y Milagros pudo estudiar en el Hogar
Escuela, donde completaría su
Magisterio, primero eclesiástico y,
luego, estatal.
Tras dos años de
estudios comunes de Filosofía y
Letras en La Laguna, cursó la
especialidad de Pedagogía y
Psicología en la Universidad
Complutense de Madrid, obteniendo
brillantemente lo que hoy día es una
muy exigente doble titulación.
Por esos años,
Milagros participó en dos Campañas
de Alfabetización de Adultos,
obteniendo otros tantos e
inolvidables “Votos de Gracia”
(Distinción que otorgaba la
Inspección de Educación a quienes
destacaban por su labor),
alcanzando, al poco, la especialidad
de Pedagogía Terapéutica.
En el año 1964, y
tras superar brillantemente unas
dificilísimas y exigentes
Oposiciones, accedió al Cuerpo de
Inspectores de Enseñanza Primaria
(dicen, quienes la conocieron en ese
momento, que era demasiado joven y
hasta atrevida para aspirar a tanto;
pero ella manifestaba, con
convicción, que lo que
verdaderamente quería y le gustaba
era “ser Inspectora de Educación”,
deseo que se vio espléndida y
señaladamente cumplido), siendo
destinada a Pontevedra, aunque, al
poco tiempo, obtuvo plaza en Santa
Cruz de Tenerife.
Ha participado en
incontables Simposios y Congresos
relacionados con la educación,
impartido cursos de
perfeccionamiento y de
especialización a profesores,
profesoras, maestros y maestras,
llegando a ser una excelente
Inspectora Coordinadora.
Mujer de estilo
humanitario y total entrega en el
desempeño de esta función, destacó
por sus fundamentales aportaciones
en la nueva configuración de la
Inspección de Educación en España y,
por ende, en Canarias.
El lema de Milagros,
Doña Milagros, a lo largo de su vida
profesional, dilatada y fructífera,
bien pudiera sintetizarse en una
frase de valor inestimable: “ayudar
y servir a la ENSEÑANZA”. ENSEÑANZA,
con mayúsculas. Y alguien así, que
ha dedicado tanto esfuerzo generoso
a una tarea hermosa, creativa y
exigente como es la Enseñanza, la
Educación, será siempre recordada,
por quienes la hemos conocido y
tratado, con el respeto, admiración
y cariño que se merece.
Carmen Nieves
Crespo de las Casas,
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OSWALDO IZQUIERDO
DORTA
Desde que naciera en
Arure, Valle Gran Rey (Isla de La
Gomera), el 18 de agosto de 1935,
hasta hoy, podemos asegurar que
Oswaldo ha vivido su tiempo con
verdadera intensidad y
aprovechamiento.
A los veinte años,
tituló como Maestro Nacional,
licenciándose, luego, en Filología
Románica y en Filología Hispánica y
doctorándose en Filología (1992).
A lo largo de casi
cincuenta años de docencia, ejerció
de Maestro (1956), Agregado de
Bachillerato (1976), Catedrático
(1986), Inspector de Educación
(1986) y Profesor de la UNED (Sede
La Laguna, 1995), desempeñando,
paralelamente, diversas
responsabilidades directivas.
Ostentó también el cargo público de
Teniente Alcalde y Concejal de
Cultura en Los Llanos de Aridane (La
Palma, 1970-1974).
De su rica producción
literaria, destacan trabajos de
investigación (Ocho cuentos,
de Benito Pérez Galdós; Cuentos
completos, de Benito Pérez
Galdós; Aquellos Maestros
Nacionales y La fundación
Muñoz), de creación (Odas
Instrumentales; Coplas
Canarias; Orillas del Olvido
y otros poemas) y colaboraciones
en prensa y obras colectivas.
Hombre eminentemente
culto y de agradabilísimo trato,
fino lingüista, ameno
conferenciante, destacado poeta,
rapsoda inspirado y presentador
literario, podemos decir que conoce
todos los registros profesionales
posibles, habiendo coronado con
éxito las metas que se trazó.
Pero, entre las
muchas cualidades que le adornan
como persona y como profesional, la
que Oswaldo ha conocido y conoce
mejor que nadie es el registro de la
amistad, como hemos tenido la
fortuna de experimentar quienes le
hemos de cerca; porque, por encima
de otras consideraciones, también
podemos decir de él mismo que
“Permanece en los repliegues
interiores, / como el silencio…”.
Porque ahí es donde
echa sus raíces profundas y
enriquecedoras el sentimiento más
noble que puede generar el ser
humano: la amistad.
Como persona
embarcada en esta aventura, a veces
desconcertante, de la Educación y
como compañero y amigo…, si
“Alguna vez se
pensó que la amistad se había
perdido”, “No es cierto: De ello doy
fe”.
Emilio Vicente Matéu
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FRANCISCA DOMÍNGUEZ SÁNCHEZ
Paquita Domínguez nació en El
Carrizal de Ingenio (Gran Canaria),
donde vivió los primeros años de su
niñez y cursó los estudios de
Enseñanza Primaria (Escuela de
Niñas). A los 9 años, se trasladó a
Las Palmas de Gran Canaria,
matriculándose en el Colegio de las
Teresianas. En este centro superó el
examen de Ingreso al Bachiller y los
Bachilleratos Elemental y Superior.
El curso Preuniversitario lo realizó
en el Instituto de Enseñanza Media
Femenino de Las Palmas de G. C. y el
examen final, en la Universidad de
La Laguna.
Hizo Magisterio en la
Escuela Femenina de Las Palmas de G.
C. Realizó, en un año, los tres
cursos de que constaba la carrera;
obtuvo el título de Maestra en
Enseñanza Primaria y aprobó las
oposiciones a los 18 años. Como la
Ley no permitía entonces ejercer la
profesión antes de los 19, tuvo que
esperar a cumplir dicha edad.
Su tarea profesional
comenzó como maestra en el Carrizal
de Ingenio (1960) y fue destinada,
poco después, a Las Palmas de Gran
Canaria, desde enero de 1960 hasta
agosto de 1961, fecha en que ingresó
en el Cuerpo de Maestros. Nuevos
destinos en San Isidro (Gáldar,
hasta 1962) y Las Madrigueras
(Cádiz, hasta 1963), y, por último,
en La Culata de Tejeda (Escuela de
“Juan Gómez”, hasta agosto de 1964).
Solicitó licencia
para estudiar 1º y 2º años de
Filosofía y Letras, Sección de
Pedagogía, en la Universidad de La
Laguna y, en 1964, para hacer 3º de
carrera. En 1965, se trasladó a
Madrid, donde finalizó 4º y 5º
cursos en la Universidad Antigua,
situada en la calle de San Bernardo,
así como 4º y 5º de Lengua,
licenciaturas que realizó al mismo
tiempo. En 1967, accedió al I.E.M “Santamarca”,
de Madrid (extensión del “Ramiro de
Maeztu”), como profesora, durante
dos cursos, de Lengua y Literatura.
Superó brillantemente
las oposiciones al Cuerpo de
Inspectores, quedando entre los
primeros 20 concursantes, de un
total de 800 aspirantes. Accedió al
citado Cuerpo en el que trabajó
hasta la fecha de su jubilación, con
39 años de servicio. Como
Inspectora, ejerció en Cuenca,
Madrid (1977) y Las Palmas de Gran
Canaria.
Ciudadana ejemplar,
fue excelente educadora, inspectora
y madre, mostrando siempre mucho
ánimo y gran ilusión por su trabajo
profesional, acercándose a los
colegios de las zonas educativas que
le asignaban para conocer sus
situaciones y dificultades,
asesorando con prudencia y
colaborando en la búsqueda de
soluciones adecuadas.
Dedicó la mayor parte
de su vida a formar personas,
asesorar educadores, supervisar
centros educativos y colaborar con
la Administración, sabiendo bien,
quienes la hemos tratado, de sus
virtudes y alta talla humana,
cultural y profesional, aspectos que
queremos destacar y resaltar.
Como amigos y como
compañeros de profesión, nos
sentimos agradecidos y orgullosos de
haber podido mantener con ella una
excelente relación.
Antonio Medina Medina
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