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Consecuencias medioambientales de los suelos contaminados

La presencia de contaminantes en el suelo se refleja de forma directa sobre la vegetación, primer eslabón de la cadena trófica, induciendo su degradación. Esto implica generalmente una reducción del número de especies presentes –pérdida de biodiversidad-, lo que hace más frágil al ecosistema. También es posible que se produzca una acumulación de contaminantes en las plantas, sin generar daños notables en éstas.

Sin embargo, de forma indirecta a través de la cadena alimentaria, las consecuencias de un suelo contaminado pueden ser más graves. Los contaminantes del suelo, absorbidos y acumulados por la vegetación, pasan a la fauna en dosis muy superiores a las que lo harían por ingestión de tierra. Al ser sustancias bioacumulables, el riesgo se amplifica al incrementarse las concentraciones de contaminantes a medida que ascendemos en la cadena trófica. El ser humano, se sitúa en el último escalón de la cadena, por lo que el efecto acumulativo es máximo. Es el caso de los organoclorados, plaguicidas que se acumulan en el tejido adiposo con graves consecuencias para la salud. Por otra parte, la ingestión, inhalación y contacto dérmico, puede desencadenar intoxicaciones en el caso de los metales pesados y algunos compuestos orgánicos volátiles.

Los contaminantes del suelo pueden filtrarse a los acuíferos, lo que originaría una contaminación de las aguas.